Yangón (Birmania), 11 de noviembre del 2015

De Camboya a Birmania: recorrido por Yangón, capital de la “Tierra de Oro” hasta el año 2005

Por Roberto L. Moskowich

 

Dado el carácter internacional del vuelo que me trasladó desde Phnom Penh, capital de Camboya, hasta Yangón (llamada Rangún durante la dominación inglesa), que fue capital de Birmania (hoy denominada República de la Unión de Myanmar) hasta el año 2005, tuve que personarme en el aeropuerto camboyano un par de horas antes de la salida de mi avión, que estaba fijada para las 6,15 horas del décimo sexto día de mi nuevo y maravilloso viaje por Extremo Oriente.

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Debido a ello, tuve que levantarme a las tres y media de la mañana, ya que a las cuatro me recogió en el hall del “Hotel Harmony” mi diligente guía, Phaly Hem . En la puerta del mismo me esperaba el coche, con chófer exclusivo, que me trasladó al aeropuerto internacional de Phnom Penh, instalación que, como comenté en el relato de mi llegada a la capital, está solamente a unos 10 kilómetros de mi céntrico hotel. Y como a tan intempestiva hora todavía había poco tráfico, en apenas quince minutos arribamos al mencionado aeródromo.

 

Cumplo lo prometido

 

Los queridos lectores que siguen día a día la crónica de mi periplo asiático, recordarán sin duda que cuando relaté en mi undécimo día de viaje la entrada en Camboya prometí contarles los complicados trámites inmigratorios que dilatan de forma inmisericorde el tránsito por el recinto aeroportuario, gestiones en las que perdí nada menos que tres cuartos de hora, pese a que la recogida del equipaje fue muy ágil.

A pesar de que en el avión que me trasladó de Vietnam a Camboya ya había cubierto el formulario de Inmigración y otro de Declaración de Aduanas, como acostumbran a entregar en todos los vuelos del mundo cuando uno va de un país a otro, al llegar al recinto aeroportuario camboyano  tuve que cumplimentar otro impreso (en el que solamente les faltó preguntarme de qué color eran los calzoncillos que llevaba puestos en ese momento), al que tuve que adjuntar una fotografía, extremo éste que no figuraba en ninguna de las informaciones facilitadas para este desplazamiento. ¡Menos mal que, debido a mi larga experiencia viajera, siempre llevo conmigo un par de fotos tamaño carnet!. Y, además, tuve que acompañar ambas cosas con 30 dólares americanos, en billetes nuevos, sin doblar, y sin pintarrajear….

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Con los papelotes, la foto, y los 30 dólares en la mano, hice cola en un larguísimo mostrador de madera, detrás del cual había diez funcionarios sentados hacia el público. Yo creí que estaban colocados así para agilizar la larga cola existente, pero me equivoqué de plano. Todos fuimos atendidos únicamente por el primer policía que había a la derecha del mostrador, y nuestros papeles fueron pasando de mano en mano hasta que el último funcionario mostraba la fotografía del pasaporte hacia nosotros para que lo recogiésemos, debidamente estampillado. Realmente surrealista e increíble en estos tiempos tan informatizados, pero real como la vida misma.

Pero no finalizaron ahí los trámites inmigratorios, ya que tuve que volver a guardar cola en los mostradores de enfrente, donde otro policía me hizo una fotografía con una webcam (¿Para qué querrían entonces la fotografía en papel que les entregué antes….?) y tuve que colocar los diez dedos de mis manos en un escáner especial (menos mal que no me obligaron a descalzarme para mostrar los dedos de los pies….), mientras el funcionario grapó en mi pasaporte el resguardo para validar mi estancia y la salida del país, Así fue como, entre pitos y flautas, perdí nada menos que 45 minutos. ¡Una auténtica delicia, vamos!.

 

Escala en Bangkok (Tailandia)

 

Tras la pequeña pero ilustrativa digresión anterior, le diré que el vuelo de Phnom Penh a Yangón lo realicé en un moderno y cómodo Airbus A-320, aunque no fue directo ya que efectuamos una escala técnica de hora y media en Bangkok, capital de Tailandia, país en el que por cierto estuve durante mi primer viaje a Extremo Oriente, a lo que ya me referí en la primera de estas crónicas relatoras del actual periplo asiático.

De la capital tailandesa volé a Yangón en un Airbus A-320, de la compañía “Bangkok Airlines”, con una amplitud y comodidad entre las filas de asientos de la que muy pocas veces he disfrutado en los miles y miles de millas que he recorrido mundo adelante. Por cierto que durante el vuelo nos sirvieron un buen desayuno, pese a que ya nos habían obsequiado con otro en el tramo Phnom Penh – Bangkok.

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El vuelo fue muy tranquilo, y a las 10,15 horas el avión tomó tierra en el aeropuerto internacional birmano. Allí me esperaba un diligente empleado de la “Adventure Myanmar”, con un cartel en el que figuraba mi nombre, Mayorista de Viajes que fue la que me atendió durante todo mi largo recorrido por Birmania.

El pase de la frontera fue muy rápido, ya que portaba un visado que me había facilitado la Embajada de Myanmar en Madrid, previo pago de 50 dólares americanos, como también fue muy diligente la recogida del equipaje.

 

Grupo español

 

Aunque soy muy poco amigo de viajar en grupo, y pese a tener ya contratado desde La Coruña un guía de habla inglesa, acepté acoplarme a un pequeño grupo de seis españoles con una guía, Sandar Myint, que hablaba un español más que aceptable. El grupo, con la citada guía a mi izquierda, estaba integrado por 3 señoras “abertzales” de la quinta de Prim, una “rebotada” Auxiliar de Enfermería, y una encantadora “pareja” formada por la extremeña-catalana Fuensanta Sánchez y el cordobés Paco Gracia, segunda y tercero por la izquierda en la fotografía.

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Como nos alojábamos en tres hoteles diferentes, un coche exclusivo para mí me trasladó al hotel “Summit Parkview”, al que llegué en unos tres cuartos de hora, tras haber tenido que soportar un tráfico bastante denso y caótico.

 

Rumbo a la ciudad

 

Al borde de la carretera que va de la ciudad al aeropuerto hay muchos chiringuitos y también abundantes “comederos”, a los que no se les puede calificar de comedores y que no me inspiraban mucha confianza para comer.

Abundan los hombres y mujeres que visten una colorida tela enrollada desde la cintura hasta los tobillos, abierta lateralmente, como el muchacho que me esperó en el aeropuerto. Y debajo de esa “saya” tradicional no llevan más que calzoncillo o braga.

Por cierto que aunque circulan por la derecha, al igual que nosotros, la mayoría de los coches tienen el volante a la derecha (como los ingleses). Me dijeron que era debido a que los fabricantes japoneses se los vendían más baratos que los que llevan el volante a la izquierda, porque tienen menos salida que los “occidentales”.

Y contrariamente a lo que sucede en Vietnam y en Camboya (aunque en Camboya haya muchas menos que en Vietnam) en Birmania apenas circulan motos.

 

Birmania, “Tierra del oro”

 

Birmania tiene justa y merecida fama de ser uno de los países más bellos de Asia y de contar con unos pobladores que se encuentran entre los más hospitalarios del mundo, que nos saludan con un expresivo ¡Mingalabar!, palabra con la que nos dan la mejor de las bienvenidas. Considerado como “El paraíso perdido”, Birmania recibe también el sobrenombre de “Tierra del Oro”, tal como reza en el cartel de bienvenida que hay en el aeropuerto de Yangón.

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En el año 1989 el gobierno cambió el nombre histórico de Birmania, por el que aún se le conoce mundo adelante, por el Unión de Myanmar, a la vez que modificaron los nombres de ciudades, pueblos, ríos, montañas, etc., motivo por el cual a los occidentales nos cuesta a veces identificarlos adecuadamente.

 

Numerosas etnias y lenguajes

 

El idioma oficial es el birmano, una lengua tonal de origen tibetano, lo que hace que una misma sílaba tenga hasta 5 variables: 3 tonos y 2 modificadores, que hacen cambiar totalmente su significado. El alfabeto tiene 9 vocales y 30 consonantes, y su escritura es muy complicada y está emparentada con la del Sur de la India.

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Según mi guía, Birmania supera los 60 millones de habitantes. La ciudad más poblada es Yangón, con unos 7 millones de almas, seguida de Mandalay, que supera el millón, y aunque el gobierno solamente reconoce 67 etnias hay más del doble. El 68% de los habitantes son birmanos, y los demás son Shan, Karen, Mon (Khemer), Katchin, Arakanos, Chin, Indios, Chinos, etc. La religión dominante es el budismo (80%), y el resto musulmanes (5%), cristianos, hinduistas y animistas.

 

Calendario, nombres y apellidos

 

En Birmania funcionan dos calendarios diferentes. Para temas oficiales y comerciales operan con el calendario juliano occidental, y para asuntos privados, religiosos o sociales usan el calendario birmano, de 12 meses lunares, que al ser más cortos que los nuestros hacen varias las fechas, por lo que cada cierto tiempo tienen que crear un mes extra para ajustarlos.

Como cada mes está dividido en dos partes, de dos semanas cada una, en la práctica el año birmano tiene 24 meses de 2 semanas. Y como los reyes cambiaban el calendario, derivado del budista, retrocediendo años para evitar los malos augurios de sus adivinadores, el desfase es de nada menos que 1.181 años….

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El nombre de las personas lo eligen según el día en que nace. Por ejemplo, los nacidos en lunes se llamarán Kyaw, Kyi, Khin, o Kuyin, y como mi guía se llama May sé que nació un jueves. A cada día de la semana le corresponde uno bueno y otro malo. Para los nacidos en lunes es bueno el miércoles y es malo el viernes. Esto lo tienen en cuenta cuando buscan pareja, socios o amigos.

Los birmanos carecen de apellidos. Las silabas de su nombre son elegidas, y no heredadas de sus padres. Al igual que nosotros, las mujeres conservan su nombre cuando se casan. Delante del nombre utilizan una partícula que marca el estatus social de cada persona (U, Ko, Mang, Ma o Daw), indicando así si su interlocutor es de su mismo rango, inferior o superior. Y siempre que nos dirijamos a una mujer adulta, debemos utilizar Daw antes de su nombre.

 

Paseo por Yangón

 

El “Summit Parkview” es un hotel moderno, con amplio y ajardinado acceso, un gran vestíbulo estilo americano, y excelentes servicios. Mi habitación, que da a la fachada principal, está calificada como “de lujo superior”, es muy amplia, tiene un gran cuarto de baño y una gigantesca cama individual. Pero lo que más me llamó la atención es la gran altura del techo, ya que alcanza los cuatro metros.

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Y como ayer tuve que levantarme a las tres y media de la mañana, para volar de Camboya a Birmania, y hoy tengo que hacerlo a la misma hora, para volar de Yangón a Hehó, hice un recorrido a pie por la zona en que se encuentran muchas de las Embajadas, la gran Pagoda Shwedagon y el Museo Nacional, finalizándolo con un agradable paseo por el gran parque situado justo enfrente de mi hotel.

Después de una reconfortante cena, en el restaurante del hotel, y de poner en orden mis apuntes y seleccionar los cientos de fotografías tomadas durante los últimos días, me acosté muy rendido pero, una vez más, muy satisfecho por lo que mi buena estrella me está permitiendo ver y disfrutar en este inolvidable viaje.

¡Buenas noches, Birmania!.                                        (Fotos: Lajos Spiegel)

 

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