Pasó por la ciudad como un huracán dejando en el recuerdo una buena colección de detalles técnicos y destellos de calidad. Así puede resumirse la experiencia de Ryan Babel en el Depor.

Reconozco que cuando el Consejo de Administración formalizó su fichaje para sustituir al lesionado Joselu, fui uno más de las decenas de escépticos que dudaba sobre el rendimiento que podía deparar el jugador holandés.

Cierto es que tiempo atrás había destacado en el Ajax, después en el Liverpool y también formó parte de la selección “orange” que disputó la final de la Copa del Mundo de 2010 contra España. Pero su aterrizaje en ligas menores de los Emiratos Árabes anunciaba un gesto inconfundible de declive deportivo. Su llegada no puede decirse que entusiasmara a la grada. No precisamente por su historial sino por su falta de forma y exceso de peso.

Su primera actuación decisiva tuvo lugar marcando un gol frente al Sporting de Gijón en el tiempo de descuento que dio el triunfo a los coruñeses en un complicado partido en Riazor. Golpeó el balón desde fuera del área como lo hacen los que saben, raso y ajustado al poste lejos del alcance del portero.

Poco a poco fue aligerando peso mientras iba mejorando su forma física e integrándose en el conjunto. Sus actuaciones fueron creciendo en número de minutos y su aportación fue imprescindible en la recuperación del equipo.

El 31 de diciembre, pese a las intenciones del Club de ampliar su contrato, se marchó al Betsikas turco. Una baja significativa de un jugador que ha sabido rehabilitarse en el Depor para retomar el vuelo en busca de nuevas oportunidades en otros clubes.

Una baja muy sensible porque este tipo de futbolistas es difícil de encontrar. Y no nos engañemos, es más que difícil por no decir casi imposible, encontrar recambios de este fuste en el mercado de invierno. Refuerzos si, figuras como Babel al precio que pueden pagar los blanquiazules, es inverosímil.

@pgarcia_ramos

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