Urge la búsqueda de soluciones para Ceuta. Los principales responsables de dar esos pasos están eludiendo sus obligaciones, perdiendo el tiempo y echándose la culpa unos a los otros. Empiezo esta opinión hablando de ellos, pues a estos es a los que corresponde, y se les supone preparados y elegidos para ello y, en consecuencia, tienen la obligación de tomar decisiones. Si no quieren o no saben, convendremos que se confundieron de sitio y están a tiempo de abandonarlo en beneficio de todos.
Urge no abandonar al pueblo ceutí, que ha sufrido y está sufriendo, sin saber cuánto le queda por sufrir. Conviene tener en cuenta que el pesar ceutí será el de todos en un futuro próximo, pero cercano. La frontera asaltada e invadida de Ceuta es la de todos los españoles y europeos y, en consecuencia, la puerta de entrada a nuestras casas. Europa no está cerrada, pero convendremos que no se puede entrar en casa ajena sin llamar a la puerta y mucho menos allanar. Debemos protegernos nosotros y eso se hace protegiendo nuestro territorio física, diplomática y colaborativamente, conociendo y afrontando el nacimiento del problema. La seguridad y el futuro de los nuestros debe defenderse de forma ordenada, inteligente y racional. Hay que conocer el significado de defenderse sin caer en belicismos.
Es necesario nominar como responsable a todos aquellos que hacen de altavoz interesado, partidario y malintencionado de los hechos sensibles, violentos o dramáticos convirtiéndolos en la generalidad, estos que también se confunde de sitio y forma lo mejor es que se dediquen a otra cosa que redunde en beneficio de todos.
Conviene y es importante recalcar que este no es un problema único de los españoles, ni consecuencia exclusiva de la política exterior y diplomática de los españoles. Esto, posiblemente, es la consecuencia de un mundo que ha entrado en una gran decadencia de principios básicos, sumido en guerras tradicionales y económicas, populismos extremos y una abrupta violencia verbal que se transforma en la física.
La bola de nieve va rodando y sigue creciendo. Es difícil pararla, pero no imposible. Debemos poner todos y todo de nuestra parte para evitar que siga creciendo, para que las secuelas duras y tristes no sean infinitas. La política y las consecuencias las dejamos para otro capitulo.
