CELEBRADA CON GRAN ÉXITO LA XXVII ROMERÍA QUE ANUALMENTE ORGANIZA LA FEDEDERACIÓN GALLEGA DE CÍRCULOS Y CASINOS

romería de Casinos gallegos celebrada en Celanova

Este año los actos tuvieron como marco excepcional la ancestral villa de Celanova; primitiva Coelia nova romana-habitada desde la Edad de Piedra, dando prueba de ello el Yacimiento arqueológico de Castromao.

Es romana hasta el s.I y II d.C.

A esta “Xuntanza lúdica” acudieron socios y acompañantes de diversos puntos de la también Ancestral Galicia. De Marineda se desplazaron un buen número de socios y amigos, acompañados por el presidente y varios miembros de la directiva del Casino herculino.

Desde su llegada se fue desarrollando el programa elaborado a tal fin, la primera visita se realizó al magnífico monasterio fundado por S.Rosendo, -al que dedicaremos líneas aparte-y continuó con una visita a la espectacular iglesia del Salvador y al resto de la  villa.

Seguidamente se desplazaron al balneario de Lobios, cuyos primeros asentamientos se remontan al paleolítico, dejando su impronta la cultura castreña típica gallega, en donde se celebró un muy bien servido xantar de confraternización que resultó muy animado.

La romanización dotó a la zona de una de sus características calzadas, la “Via Nova”, como parte de la la antigua forma de comunicar la actual Astorga con la villa portuguesa de Braga. Uno de los atractivos que atrajo a estos, fueron las virtudes de los manantiales que manan en este entorno.

Al final de la comida tuvo lugar la salutación de presidente de la Federación y  del Círculo de Saviñao, Enrique Sampil, que dió la bienvenida a los asistentes, deseando disfrutasen de una placentera jornada, le siguió en el uso de la palabra, Juan José Medin a la sazón presidente del Casino herculino, después del saludo de rigor, les invitó a visitar las magníficas instalaciones que el casino posee en la Coruña, asegurando se dispensará a quien nos visite el trato exquisito que se tiene por norma.

Al finalizar la opípara comida se desplazaron a Bande para realizar la visita cultural a los distintos yacimientos arqueológicos romanos existentes.

Hagamos a “vuela pluma” un poco de historia sobre este rincón de nuestro pequeño gran país.

Celanova-como indicamos al principio de este escrito- existe desde el principio de los tiempos, está habitada desde la edad de piedra, vestigios quedaron de ello- el Yacimiento Arqueológico de Castromao-. En este yacimiento es posible conocer como fueron los primeros asentamientos en el Noroeste peninsular, su romanización es consecuencia del proceso bélico de las guerras cántabras, prueba de ello la tenemos en Bande con el complejo arqueológico de Aquis Querquennis, yacimientos arqueológicos y epigráficos aparecidos en este yacimiento lo demuestran.

Es probable que en el 137-138 a C. recorrieran estas tierras las centurias de Decimo Junio Bruto llamado el Galaico cuya estancia no está exenta de leyenda.

La romanización dejó verdaderas joyas arqueológicas, cuyos restos llegan a nuestros días; en la ya mencionada Aquis Querquennis nos encontramos al conjunto denominado, ”A Cida”,” A Cibdade”, o “A Cidade”; la mansión y las termas.

Lo que verdaderamente da fuste y engrandece a la villa de Celanova es, ser cuna de santos y poetas y como no, su monasterio, -en torno al cual se fue desarrollando el primitivo Vilar-.Fundado en el s. X por S. Rosendo, de noble familia con gran fortuna que, donó a la fundación de dicho cenobio, tantos fueron sus privilegios que hicieron de este el convento gallego más importante del S. XI, extendiendo sus dominios incluso a las comarcas de A Limia, Monterrei y O Ribeiro. San Rosendo, obispo de Mondoñedo emparentado con la familia real, decidió fundar un monasterio en las tierras que poseían sus padres y hermanos después de erigir también el monasterio de Caaveiro.
Para ello trajo un grupo de monjes de San Estebo de Rivas de Sil poniendo al frente de la comunidad al abad San Frankila bajo la regla de San Benito. Años más tarde él mismo ingresaría como monje después de renunciar a la Sede Compostelana y de organizar la defensa de Galicia contra los normandos junto al conde Gonzalo Sánchez. A la muerte del abad Frankila en el año 959 le sucedió en el mando del monasterio hasta su fallecimiento en el año 977

El esplendor del monasterio de Celanova comienza desde su fundación por el apoyo que recibió de la familia de San Rosendo y la protección de los reyes de Galicia, León y Castilla. El abad tenía los títulos de Arcediano de Celanova, conde de Bande, marqués de Sande y capellán de la Casa Real y dominio en más de cincuenta entidades entre monasterios, prioratos e iglesias. En 1506 se unió a la Congregación de Castilla comenzando una nueva etapa de gran esplendor. Era tal la fama del Monasterio que Carlos V tenía el proyecto de retirarse a él antes de decidirse por el extremeño de Yuste. En los siglos XVII y XVIII el gran poderío del monasterio se refleja en su fábrica reconstruida en su totalidad.
Con la desamortización, los monjes le abandonaron y sus bienes fueron desperdigados, quedando la iglesia como parroquial y las dependencias monasteriales para servicios públicos

En su conjunto barroco, está compuesto de la Iglesia, dos claustros y las dependencias monacales.

El originario del s. X, aunque la mayor parte del que hoy se puede ver es fruto de las reformas de los ss. XVI y XVII. La fachada del templo monacal ocupa uno de los lados de la magnífica Praza Maior, presidida por una fuente (s. XVI) que procede del Claustro de las Procesiones y de la que dicen que beber del caño que da al norte hace enloquecer. Una curiosidad es la alineación de la puerta del edificio conventual y la de la iglesia, cuando lo habitual es que formen un ángulo recto.
En el edificio conventual se pueden admirar dos claustros; por un lado, el Claustro Nuevo (s. XVII), muy sobrio de líneas con un curioso balcón sobre ménsulas, popularmente conocido como o poleiro; con respecto al otro, más mérito artístico presenta el Claustro de las Procesiones, decorado con los típicos medallones y ménsulas renacentistas (s. XVI) en el piso bajo, gárgolas y filigranas en el superior (s. XVIII).

La reedificación de la fábrica antigua se comenzó en el año 1550 por el claustro principal, que está adosado al sur de la iglesia y de aquí su nombre de claustro

La iglesia sustituyó a la anterior románica y se comenzó en el siglo XVII en un primer barroco muy clásico, bajo la dirección de Melchor de Velasco. Planta de cruz latina, con tres naves, con grandes pilastras, que sostienen la bóveda de aristas cubriéndose el crucero con una cúpula, obra de Pedro de Monteagudo. En el interior muy buenos retablos de Castro Canseco. El retablo mayor, de gran barroquismo, ocupa todo el frente de la capilla con grandes columnas salomónicas y riquísimas labras. De gran interés las urnas que contienen las reliquias de San Rosendo y San Torcuato así como unos pequeños relieves en alabastro con escenas de la vida de Jesús. Dos buenos coros, el superior gótico flamígero, la sillería baja atribuida a Castro Canseco es una extraordinaria obra del barroco gallego. En la sacristía, renacentista, cuadros de la familia de San Rosendo pintados por Gregorio Ferró. La fachada con grandes columnas y coronada de pináculos fue modificada en el S. XVIII después de haberse acabado en 1861.

Contemplase bóveda de crucería en el cuerpo inferior. En los arranques, bustos y medallones con figuras de reyes, de santos y molduras esculpidas a lo largo de los muros, uniendo los arranques.

El segundo cuerpo, más moderno, está construido entre 1611 y 1722. Curioso balcón sobre ménsulas conocido como «o poleiro» que servía de acceso a las celdas del noviciado.

Es muy interesante la torre de las campanas que personaliza al monasterio desde la lejanía.

Esto es muy sucintamente el relato de la visita realizada por los socios del Casino de la ciudad herculina a Celanova, no nos hemos parado a relatar la belleza del interior de la iglesia monacal dado que sería muy prolijo hacerlo (lo dejamos para otro artículo).

DESDE FEDELLANDO FELICITAMOS A LOS ORGANIZADORES DE TAN FAUSTO ACONTECIMIENTO.

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