De San José (Costa Rica) a la playa de Santa Cristina (La Coruña), pasando por el aeropuerto de Madrid-

 

Hoy, tras completar el vigésimo segundo día de mi excelente recorrido por Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica, he regresado a mi casa Después de nada menos que 32 horas de viaje, desde que salí del Hotel Presidente, en San José (Costa Rica), y llegué a mi domicilio en la playa coruñesa de Santa Cristina. Y como remate de este inolvidable periplo viajero añadiré unos breves, pero ilustrativos, apuntes sobre el país de los “ticos”. Costa Rica tiene un muy apropiado eslogan: “Pura Vida”, que lo encontramos nada más llegar al país, así como en numerosos lugares públicos. Ellos “venden” paz, seguridad, tranquilidad y respeto. Y es cierto. Y, además, el clima les ayuda en tan buenas intenciones. Como les comenté ayer, Costa Rica no tiene militares, ya que en 1948 suprimieron el Ejército, “cambiando armas por cultura”. Todo un ejemplo, si señor. Las gentes de Costa Rica, tanto en las ciudades como en los pueblos, son muy amables, humildes y educados. La educación es gratuita y obligatoria, y los niños tienen comedor gratuito.


Las calles de la capital, San José, que conserva algún barrio de coloridas bellas casas coloniales, son más bien estrechas; ya que, según me comentó mi último guía, Martín, fueron diseñadas para el paso de las carretas. Hay un pequeño tren, que circula desde el año 2000, entre la Universidad Nacional y la Universidad de Costa Rica. Son unos 12 kilómetros solamente y, además de los estudiantes, lo puede utilizar todo el mundo. También han abierto otra línea, que va hasta la ciudad de Cartago, situada a unos 25 kilómetros de distancia. Por cierto que las máquinas y vagones de esos trenes son españoles. Costa Rica tenía un buen tren país adelante, hasta que el terremoto de 1991 destruyó una buena parte. Y la otra se la cargó un político que tenía una gran empresa de transportes por carretera…. Como ven, en todas partes cuecen habas. En Costa Rica está prohibida la venta callejera de alimentos, y en los mercados los tienen con las debidas medidas higiénicas.En las ciudades y en los lugares turísticos no hay los clásicos y agobiantes vendedores de souvenirs, artesanías y otros artículos y quincalleria varia. Y tampoco he visto mendigos pidiendo. Al principio utilicé la palabra “ticos” para referirme a los ciudadanos costarricenses. Y aclaro, para los que no lo sepan, que ese nombre se debe a que con frecuencia dicen momentico, ratico , etc. Lo que para nosotros es la terminación diminutiva “tito” ellos la transforman en “tico”. Y así es como, por ejemplo, dicen ratico, en lugar de ratito.


Los costarricenses no tienen problema alguno de tipo racista, y son un pueblo católico que respeta las demás creencias. Por cierto que desde primeros de este mes están las calles principales profusamente iluminadas con motivos navideños, y en comercios y lugares públicos ya hay muñecos y motivos alusivos a la Navidad….Ah, antes de cerrar con Costa Rica, debo decirles que ayer olvidé mencionar que el coruñés Lázaro Candal jugó al fútbol en el país “tico”, además de trabajar como periodista. Fue antes de que se radicara en Venezuela.
El vuelo entre San José y Madrid lo realicé en un Airbus A330-200 de Iberia, con 286 de sus 288 plazas ocupadas. Agradezco al personal de a bordo que, de motu propio, me ofreciesen viajar en uno de esos dos asientos libres de la primera fila, lo que permitió estirar a tope las piernas y usar el otro asiento libre como mi “mesa auxiliar”. El viaje, de unos 8.524 kilómetros, duró nada menos que 10 horas y 20 minutos. El vuelo fue placentero, ya que apenas sufrimos pequeñas turbulencias al sobrevolar la República Dominicana. Entramos en Europa a la altura de Braga (Portugal), y con un sol radiante aterrizamos en Barajas. Lo hicimos con puntualidad cronometrica, lo que justifica que “Iberia” fuese en el 2016 la aerolínea más puntual del mundo, y que lo siga siendo a lo largo de este 2017. Tal cual.

De Madrid volé a La Coruña también con “Iberia”, en el “Cadaqués”, un Airbus A320 de 171 plazas, de las cuales solamente había siete sin ocupar. El vuelo fue excelente, y llegamos con estricta puntualidad. Por cierto que fue la primera vez que entré por la cabecera Sur desde que se amplió la pista.


El despacho del equipaje, pese a venir de fuera de la Comunidad Europea, fue muy rápido y a las 9 de la noche estaba ya en mi casa. Y con la visión desde mi terraza, en una deliciosa y clara noche de otoño, de la hermosa Bahía de La Coruña, pongo punto y final a un maravilloso y largo viaje por Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica. Ahora toca recapitular, e ir pensando en otro gran periplo para el año que viene. Al menos “mientras el cuerpo aguante”… Espero que les hayan gustado mis crónicas, y muchas gracias a las numerosas personas que me han dado su parecer a medida que las publicaba. ¡Saludos y salud!. (Fotos: Lajos Spiegel)

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